No penséis que las cosas que os hemos contado acerca del poder de nuestro Señor Jesucristo y de su presencia son meras fábulas ingeniosamente construidas. De ninguna manera, sino que nosotros, con nuestros propios ojos, contemplamos su majestad
17-1allá en el monte santo, cuando resplandeció con la honra y la gloria que recibió de Dios Padre. Y oímos entonces aquella voz gloriosa, impresionante, que venía del cielo y decía: “Este es mi Hijo amado: en él me complazco”.